Introducción
En el siguiente texto abordaremos el papel que las beatas desempeñaron dentro del catolicismo novohispano, así como algunos aspectos en relación a los confesores, y la importancia de los diarios escritos por ellas, abordaremos las relaciones de poder que estas mujeres ejercieron en una religión que beneficiaba principalmente a los hombres, y el papel de la Santa Inquisición con relación a las beatas en Nueva España.
Desarrollo
A
partir de la contrarreforma surge en el mundo católico mediante el uso de las
imágenes de los santos y santas una necesidad en la sociedad por seguir el
ejemplo de vida de estos, tanto en sus limitaciones y restricciones corporales
como en contraposición con su crecimiento espiritual de manera tal que
comienzan a surgir algunas prácticas que buscan imitar algunos aspectos de la
vida de santidad de estos personajes.
En Nueva España durante los siglos XVI y XVII la Corona Española busca replicar una religiosidad lo más ortodoxa posible, esto en razón de la contrarreforma:
Un reino que fundamentase su unidad en la fidelidad a la Corona y al catolicismo romano. Elemento esencial del citado proyecto fue el adoctrinamiento de toda la población. Sermones, catecismos, libros de devoción e iconografía se dirigían a enseñar a los súbditos de la monarquía católica […] El objetivo era lograr que las creencias, ritos y prácticas piadosas se adecuasen a lo aprobado en Trento, tal y como lo había asumido la monarquía española. (Sarrión, 2003: 189).
Podemos
pensar que esta religiosidad que se aplicaba en la Nueva España si bien cumplía
con el objetivo de adoctrinamiento de los indígenas, también pretendía entre
sus objetivos tener un control sobre los cuerpos de los hombres y mujeres
pertenecientes a distintas castas y grupos sociales por medio del control de
las almas, el cual se manifiesta mediante la clasificación de los sentidos y su
atribución tanto a lo divino como a lo material y el pecado “En el cristianismo
los cinco sentidos pueden ser utilizados por el demonio tanto para llevar al
hombre al mal, como para torturarlo en el más allá. Sin embargo, empleados
adecuadamente se convierten en sus aliados en el camino de la salvación […]” (Rubial,
Bieñko, 2011: 156).
Los
sentidos juegan un papel importante dentro de la religiosidad católica, ya que
por medio de ellos se puede acceder a la santidad mediante la privación de los
placeres y excesos que llevan al alma al pecado, así como también pueden ser
objeto de las manifestaciones divinas y profanas de algunos individuos. Es así
que podemos pensar en una sociedad en la cual se busca un constante control
sobre los sentidos ya sea que estos se relacionen con lo bueno y lo malo.
Las
mujeres jugaron un papel muy importante dentro de la religiosidad novohispana,
tomando en cuenta que el catolicismo es una religión que privilegia al hombre,
esto se refleja en una sociedad patriarcal en la cual la mujer asumía de alguna
manera un roll secundario, pero no pasivo. “Desde las escuetas palabras del
catecismo hasta las perífrasis sonoras de los sermones barrocos, toda la literatura
piadosa tendía a reforzar la actitud de sumisión y obediencia de las mujeres […]”
(Aizpuru,1997: 56), en contraposición las mujeres aprovecharon los medios para
poder ejercer también un cierto poder y obtener privilegio con relación a
algunas prácticas de las que podían beneficiarse.
Las
mujeres dentro del catolicismo también podían obtener ciertos lugares de
privilegio, tal es el caso de las beatas y místicas que, debido a su constante
religiosidad, una vida de privaciones, caridad y siguiendo los ejemplos de las
Santas, Santos y del mismo Cristo, podían ser bendecidas con algunos dones como
las visiones, “la presencia femenina y la corporeización de la experiencia
religiosa estuvo presente como uno de los aspectos más significativos de la religiosidad
entre los siglos XIV y XVIII en el ámbito católico”. (Rubial, Bieñko, 2011: 147).
De
manera tal que se pretendía un control del cuerpo femenino relacionado con la
culpa, si bien hablar de culpa en una sociedad heterogénea como lo fue en Nueva
España es muy complejo porque dependiendo del sexo, casta o grupo social al que
se perteneciera la forma en la que se podía asimilar la culpa era distinta, en
el caso de las mujeres cristianas se asumía que estas tenían que ser puras,
castas e inocentes, responsables de evitar malos deseos y pensamientos y de
actuar virtuosamente, cuidando su sensualidad, el manejo de su cuerpo y sus
sentidos (Roselló: 2006)
Las beatas, sus confesiones y sus
escritos.
Antes de continuar es preciso dar una breve explicación sobre en qué consistía o como eran vistas las beatas durante esos siglos:
En la época Colonial constituían un grupo social intermedio entre las mujeres religiosas y las del siglo, pues hay que recordar que se trataba de “mujeres que, estando retiradas, no hacen vida de familia ni de sociedad, pero no emiten votos perpetuos y solemnes, ni visten el hábito religioso, a pesar de estar reunidas bajo un régimen de vida espiritual; han existido antes de las órdenes religiosas y las ha habido en todos los tiempos” (Ramírez, 1988:39).
Tomando
en cuenta que si bien las beatas no pertenecían a un orden conventual estas en
algunos casos emitían votos o se comprometían en llevar una vida ejemplar de
castidad, de pureza y cuidando su sensualidad ante sus confesores, ya que estas
mujeres también aspiraban a cristianas ejemplares, situación que se refleja en
el caso de María Lucia Celis.
María
Lucia Celis es una mujer que deja un registro de su condición de beata por
medio de un diario que es escrito por su confesor Antonio Rodríguez Colodrero, y
que se fecha “del 29 de junio al 29 de julio de 1798” (Ramírez, 1988:27). En
este diario se registran las confesiones hechas por María Lucia en el cual se
menciona, “la violencia de que es objeto la protagonista, es consecuencia de su
amor por Cristo y por Tonches (Como le llama el demonio a Colodrero) y por no
acceder a las peticiones sexuales que repetidamente le formula Luzbel” (Ramírez,
1988:28).
Cabe
mencionar que María Lucia antes de dedicarse a una vida de religiosidad y amor
hacía Cristo fue prostituta, “La sexualidad de la Celis se ve a medías
reprimida, por su propia conciencia moral; el remordimiento hace confesar a
Rodríguez Colodrero su pecaminosa vida […] El confesor dictamina de inmediato
la disciplina extrema […]” (Ramírez, 1988:29). Podemos ver así que, si bien las
beatas no tenían votos perpetuos y solemnes, dependiendo de las condiciones de
su vida podían ser sujetas a ciertas disciplinas para evitar que recayeran en
sus antiguas costumbres como es el caso de la Celis.
En
muchos de los casos podemos ver que estas mujeres beatas eran acusadas de
embaucadoras, debido a lo que confesaban de sus visiones, situación por la que
también se les señalaba de ilusas “que eran una suerte de beatas victimas de
sus esperanzas, afanes y hasta ensoñaciones […] de casos de mujeres que se
pretendían espirituales y que utilizaban su fama en provecho personal […]”. (Águeda,
2001:43)
Es
así que estas mujeres en su búsqueda de reconocimiento social y de algunos
beneficios materiales se convierten en objeto de crítica, si bien eran ellas
las que confesaban las visiones que tenían, en algunos casos las visiones eran
un producto de una presión ejercida, como en el caso del confesor Rodríguez
Colodrero quien “tenía la idea fija de que todas sus confesadas deberían ver al
Niño Jesús, conversar y tener un trato continuo con Él; también era
recomendable que se iluminaran, entraran en éxtasis y tuvieran visiones[…] esos
eran signos inequívocos de que se habían iniciado en el camino de la santidad.”
(Ramírez, 1988: 11)
De
tal manera que podemos pensar que, si bien las beatas en muchos casos eran las
autoras únicas de sus visiones, en otros casos como en el de la Celis sus
visiones eran el resultado de la influencia que su confesor ejercía sobre
ellas, mediante una forma de presión sutil en la que se les indicaban los
procesos o actitudes que deberían tener para que se pudiera comprobar su
santidad y quizá también su verdadera conversión.
Los diarios de las confesantes también son sujeto de discusión dentro del ámbito religioso porque, si bien en algunos casos se mandaba a las mujeres para que los escribieran, como en el caso de “Sor María de Jesús Felipa, monja profesa del convento de San Juan de la Penitencia, escribió un cuaderno mensual a su confesor en el cual retrató su vida espiritual como algunos incidentes de la vida diaria del convento […] su diario es de 1758” (Lavrin, Loreto,2002: 111). En muchas ocasiones se les acusa a las beatas por su manera de dirigirse a Cristo y a la Virgen en sus visiones de una manera que refleja actitudes y pensamientos indecentes o eróticos o también sobre como escriben, tal es el caso de una oración que en “1761 la religiosa profesa Santa Clara, sor Josepha de Jesús María envía una carta al tribunal de México” (Águeda, 2001: 46)
O señor,
quándo os agradaré en todas las cosas,
quándo estará en mí consumido
Y muerto todo gusto propio
quándo seré toda vuestra,
quando no vivirá en mí cosa ninguna
fuera de bos y de vuestra mui agradable
voluntad,
quándo no vivirá en mi casa ninguno sino
vos,
quando os amaré ardentíssimamente
quándo me abrasaréis en la llama
de buestro ardentíssimo fuego,
quándo me derretiréis todo,
abiéndome penetrado con buestra
eficasísima suabidad,
quando me abriréis, si os yamare
y me mostraréis buestro hermosísimo Reino,
que está dentro de mí […] [sic] (Águeda, 2001: 46-47)
Podemos
ver que, aunque la oración está cargada de un lenguaje un tanto erótico y que
las intenciones como menciona María Águeda podrían “ser una plegaria suplicante
e impaciente de la inquietud, aspiración y necesidad de llegar a una elevación
del espíritu […]” (Águeda,2001: 47), la cual es interpretada desde la
perspectiva masculina y religiosa como erótica, no podemos pensar en que las
beatas eran las únicas inmersas dentro de ese lenguaje erótico, que si bien
podría ser algo inconsciente y que en ningún momento se pretendía que lo dicho
o escrito fuese en un ámbito sexual, de la misma manera no podemos negar que la
participación de quien lee, escucha o es cómplice y participe de este acto no
forma parte de ese erotismo.
“Hay
algo sutilmente erótico en el acto de escribir sobre intimidades que luego se
entregan a un miembro del sexo opuesto, cuya tarea era la de un ‘voyeur’ que no
por espiritual dejaba de ser un intruso en las interioridades de una mujer” (Lavrin,
Loreto,2002: 114). En el caso de Rodríguez Colodrero le causa cierta satisfacción
escuchar como sus confesantes le hablan de sus visiones de acuerdo a lo que él
les indica que es el camino de la santidad.
La
presión social se refleja nuevamente como un factor importante en el caso de
Antonia de Ochoa, una mujer “criolla soltera de unos treinta y cuatro años, que
sabe leer, escribir y tiene conocimientos bastante extensos en materia de
religión […]” (Alberro 1988: 500) Lo que nos interesa del caso de Antonia de
Ochoa es cómo una mujer con padecimientos físicos como son destilaciones de
cabeza y ataques de epilepsia (Alberro,1988), pudo aprovechar lo que la opinión
pública creyó de ella para utilizarlo en su beneficio, situación que se volvía
oportuna cuando se presentaban sus padecimientos y ella trataba de explicarlos,
pero no era tomada en cuenta, quienes la rodeaban mencionaban que
“pareciéndoles que esta rea no quería declararles la verdad y que lo que tenía
y padecía era cosa de gusto y sobrenaturales y revelaciones divinas[...]”(Alberro,
1988: 501)
Antonia
de Ochoa encuentra que puede obtener ciertos beneficios como el reconocimiento
social, que, si bien en muchos casos podría parecer irrelevante, en una
sociedad en donde las estructuras privilegian a los hombres, en el ámbito de la
religión muchas veces las mujeres también buscaron aprovechar ciertas
oportunidades que les podían traer beneficios sociales y materiales.
Así
las beatas eran reconocidas como “mediadoras con la divinidad; a ellas
recorrían para solicitar sus oraciones, también les en comendaban que rezasen
por sus difuntos o que ayudasen a sus enfermos” (Sarrión, 2003: 45) por estos
beneficios que se podían obtener de las Beatas como intercesoras al tener contacto
con lo divino, con Cristo, la Virgen y los Santos ellas podían pedir
directamente por las aflicciones de quienes les pedían su ayuda.
La Santa Inquisición novohispana y las beatas.
Las
beatas, en muchos casos también se volvían sujeto de observación de las
instituciones, como es el caso de la Santa Inquisición, ante el cual podían ser
acusadas de herejía. “Visiones y revelaciones personales aparecen de forma
recurrente entre los procesos inquisitoriales de las últimas décadas de los
siglos XVI y durante todo el siglo XVII” (Sarrión, 2003: 190)
Si
las mujeres que se asumían como beatas sabían que corrían cierto peligro al ser
reconocidas públicamente, ¿Qué era lo que las motivaba a hacer públicas sus
visiones? Podemos pensar que “Sus elecciones reflejan a la vez sus aspiraciones
profundas sociales e individuales, la voluntad de reconocimiento, de poder […],
de existencia y el peso de las contingencias que no pueden eludir del todo […]”
(Alberro,1987: 94)
Sin
embargo, otro factor que pudo permitir de alguna manera la proliferación de las
beatas en Nueva España pudo deberse a que la institución de la Santa Inquisición
no tuvo la misma efectividad que en España, esto por la gran extensión
territorial a la que se encontraba sujeta La suprema y que no podía atender o
llegar a todos los lugares que correspondían a su jurisdicción, siendo esto una
condición que permitía que en algunos lugares las beatas no tuvieran la
atención que requerían en ese momento por parte de la Santa Inquisición, el
territorio novohispano no contaba con menos de 3 000 000 de km2 .(Alberro,1987)
Las beatas en la Nueva España son mujeres que oponen una resistencia velada a las estructuras patriarcales utilizando los medios en los que podían tener cierta libertad, en el ámbito religioso, aprovecharon las oportunidades que se les presentaban y las condiciones de superstición bajo las que se regía la sociedad de los siglos XVI, XVII y XVIII. De la misma manera supieron aprovechar y satisfacer las necesidades espirituales de algunos confesores, a la vez que se beneficiaban de estos como en el caso de María Lucía Celis. De tal manera que obtuvo el beneficio de poder ser mantenida por su confesor asumiendo su papel de beata en una relación recíproca.
Antonio Rodríguez ve en la Celis la realización de sus ideas, ideales y obsesiones […] al mismo tiempo que la Celis lo retroalimenta, también lo utiliza para sus fines[...], lo cual en este caso quiere decir fabulación y verdad, fantasía y realidad, pero también disfraz de pseudoalumbrada para dar gusto a su confesor y lograr así que la mantenga, mediante un modo de vida fácil. (Ramírez, 1988: 28)
Existía
también una lucha entre las mujeres que buscaban un lugar de prestigio
religioso en la sociedad, en el caso de las mujeres que se confesaban con
Antonio Rodríguez “La competencia entre ‘las santas’ y las que no podían serlo
provocó una serie de envidias y rencillas entre su rebaño de confesantes, en
especial entre aquellas, que a pesar de los grandes esfuerzos que hacían no
lograbas adelanto alguno”(Ramírez, 1988: 13), ser beata no solo suponía una
lucha contra las estructuras patriarcales, sino que también esas mismas estructuras
condicionaban a las mujeres que querían ser beatas a competir entre ellas.
Caso similar se presenta con Antonia de Ochoa cuando compite con una niña por la atención de los presentes:
En un locutorio del convento de monjas de Jhesús María, estando presentes diferentes personas […] estando cantando una niña de la parte de adentro letras y canciones divinas y estando con dicho accidente y como arrobada, esta rrea respondió cantando versos divinos y dando muchas rrisadas durante lo rreferido, como dos oras [sic]. (Alberro, 1988: 503-504)
Defiende su monopolio, esto nos muestra que las beatas utilizaban diversos recursos a su alcance para poder mantener su prestigio, ser beata era una lucha constante de poder, ya que no pudieron acceder a la vida conventual y poder ascender en la escala social religiosa, quizá porque los requisitos solicitados para ser monja parecían solo accesibles a las mujeres españolas o criollas de buenas familias y con recursos económicos necesarios.
Debían presentar testimonio de limpieza de sangre y de buen comportamiento […] aportar la dote, consistente en tres mil o cuatro mil pesos, que en casos especiales podían reducirse a dos mil o mil si la aspirante reunía otros méritos como el ser buena música o cantora. (Aizpuru,1987: 220)
Ser monja podía garantizarle a estas mujeres una educación religiosa que les permitiría consagrar su vida a Dios, y tener una educación que abarcaba otros aspectos y que en muchos casos era superior a la de muchas otras mujeres, las beatas por lo general eran mujeres que no pudieron acceder a la vida conventual, pero que de alguna manera buscaron la forma para poder permanecer cerca de Dios y obtener también beneficios de su fe.
Conclusión
Sobre
las beatas podemos mencionar que fueron mujeres que en su mayoría pertenecieron
a la clase baja y que no contaron con las posibilidades para poder ingresar a
la vida conventual, sin embargo, esto no fue una limitante para que llevaran
una vida de fe cristiana, en la cual buscaban replicar los valores morales de
estas mujeres conventuales.
Las
confesiones y textos muchas veces estaban cargados de un lenguaje erótico que
más allá de ser entendido como el amor que estas le tenían a Dios, se podía considerar
como algo inadecuado e indecente para las normas ortodoxas de la iglesia
católica, situación que podía interpretarse como herejía, por tal razón las
beatas también fueron perseguidas por la Santa Inquisición. En el caso
específico de la Nueva España y por sus condiciones territoriales, el papel de
la Inquisición fue ineficaz en muchos sentidos, lo que ocasiono que la
persecución de beatas se limitara a solo algunos casos.
Los
confesores también ejercieron su influencia tanto en las confesiones de las
beatas como en lo que ellas escribían, en algunas ocasiones las beatas mediante
la confesión de sus visiones solían manifestar también parte de sus deseos
sexuales quizá de una forma inconsciente, como en el caso de la Celis, que si
bien esta inquietud fue el resultado de una vida que pretendía dejar atrás, reflejaba
su culpa por el deseo sexual, de la misma manera los confesores en el acto de
escuchar o de leer las intimidades de estas mujeres se pueden asumir como
participes de un acto voyerista, es decir que las beatas y sus confesores
suelen ser cómplices en un acto cargado de erotismo, pero del cual no es el
fin.
Es así que en la beata podemos entender a una mujer que pretendió ejercer su poder y obtener un beneficio en algunos casos mutuo, dependiendo de su confesor o de las personas que la asumían como intermediaria entre el plano divino y el terrenal, obteniendo de esta manera un prestigio social y material que pretendió explotar y defender hasta donde las estructuras sociales y religiosas se lo permitieron, en la figura de la beata podemos ver esas mujeres cristianas que forman parte de la otredad de su tiempo y que manipulan las estructuras religiosas, oponiendo resistencia a las estructuras estamentales, y patriarcales de la Nueva España.
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